Muchos analistas en el mundo hoy se preguntan por qué la estación de televisión de Qatar Al-Jazeera ha detenido de repente sus ataques casi diarios sobre Arabia Saudita. El libro de Mamoun Fandy Guerra (In)civilizada de Palabras vierte luz, y de hecho predice, este desarrollo, mostrando que Al-Jazeera funciona principalmente como un brazo del gobierno de Qatar, y como una herramienta para adelantar las políticas de este en la región vis-à-vis con sus rivales.

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El libro, que observa los medios de comunicación – de impresión, de televisión y radio árabes contemporáneos – argumenta que a pesar de la proliferación de medios de comunicación competitivos en el mundo árabe, los medios de comunicación árabes permanecen inherentemente políticos. Es decir, estos medios de comunicación son operados y controlados por varias fuerzas políticas, religiosas y étnicas que los usan para promover sus políticas e intereses. Además, casi todos estos medios de comunicación – sean del gobierno – o afiliados a la oposición – están sujetos a la rigurosa vigilancia y restricciones de los regímenes árabes, y muchos sirven principalmente como instrumentos en las batallas externas y domésticas de estos regímenes.

Fandy sostiene que debido a la escena autoritaria en que operan, los medios de comunicación árabes son muy diferentes en naturaleza de los medios de comunicación occidentales, y no pueden ser analizados usando los mismos conceptos y modelos. Ellos pueden, dice, ser entendidos sólo en el contexto de las fuerzas históricas, sociales y especialmente políticas que dan forma al mundo árabe.

El Dr. Fandy es un renombrado investigador del Medio Oriente y un veterano escritor en los medios de comunicación de los mismos. Ha escrito varios libros sobre el Medio Oriente, incluyendo Kuwait como un Nuevo Concepto de Política Internacional, El Camino a Kandahar: Tras la Huella de bin Laden y Zawaheri, y Arabia Saudita y la Política de Disentimiento. Previamente fue editor del bimestral árabe Qadaya ‘Alamiyya, y compañero de investigación en varios institutos de investigación americanos, hoy dirige el programa del Medio Oriente en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en Londres.

Guerra (In)Civilizada de Palabras es altamente informativo y está bien investigado, y ofrece una visión en las importantes tendencias en los medios de comunicación árabes. Es imperativo leerlo y un recurso básico para cualquier estudiante del Medio Oriente. Praeger Security International, la casa editora del libro, podría hacerles a los lectores un mejor servicio con una mejor edición proporcionando más contexto y explicación de los nombres y conceptos con que el lector occidental puede estar poco familiarizado

Medios de comunicación árabes y el conflicto inter-estado: El caso de Al-Jazeera y Al-Arabiya

Para ilustrar la naturaleza política de los medios de comunicación árabes, Fandy se enfoca en Al-Jazeera de Qatar y la red satélite de control saudita Al-Arabiya.

Al-Jazeera, conocida por su voluntad de abordar temas contenciosos y quebrar tabúes duraderos, es aclamada a menudo como «la BBC» árabe – el primer canal de noticias verdadero e independiente, estilo occidental en el mundo árabe. Al-Arabiya es alabado igualmente por su buena voluntad de criticar a los gobiernos árabes y mirar intrépidamente los problemas en el mundo árabe. Pero en su libro, Fandy denota que mientras a Al-Jazeera se le permite coquetear con algunos temas provocativos, y censurar a otros países árabes, no es libre de criticar a sus dueños – es decir, a la familia real de Qatar y al gobierno de Qatar. Similarmente, Al-Arabiya puede castigar a cualquier país en el mundo árabe, pero se le restringe severamente en su habilidad de criticar al régimen saudita o a la orden social saudita. Es más, Fandy señala que ningún canal genera ganancias, ya que sus ganancias no empiezan a cubrir sus costos operacionales. Todos esto se explica, dice, por el hecho que estas redes son políticas, no comerciales, empresas que sirven principalmente como herramientas en la lucha de poderes entre los dos países – y están fundadas precisamente por sus gobiernos respectivos para este propósito.

Para explicar bien la naturaleza de Al-Jazeera y Al-Arabiya, el libro de Fandy se remonta a la historia de las guerras del Medio Oriente en que los medios de comunicación surgieron. Él argumenta que el imperio de los medios de comunicación saudita – desde los diarios con sede en Londres Al-Sharq Al-Awsat y Al-Hayat a la compañía de radiodifusión MBC y los numerosos canales religiosos de televisión (como Iqra) – fueron todos lanzados como contrapeso a los medios de comunicación nacionalistas que habían dominado el mundo árabe durante décadas.

Para finales de la Guerra Fría, incluso nacionalistas árabes seculares como Saddam Hussein entendieron el poder y el atractivo de la retórica islámica – tal como es evidenciado por la decisión de Saddam de agregar las palabras «Alá Akbar» (Alá es Grande) a la bandera iraquí durante la Segunda Guerra del Golfo. Así, en sus días tempranos – antes de que Al-Jazeera y Al-Arabiya fuesen fundadas – la batalla de los medios de comunicación árabe fue emprendida entre el nacionalismo árabe y el pan-islamismo, y esta batalla fue decididamente ganada por los medios de comunicación islamistas – orientados por Arabia Saudita.

Como parte de esta guerra, Al-Jazeera frecuentemente coloca al aire noticias negativas sobre Arabia Saudita, tales como artículos sobre violaciones a los derechos humanos en el país. Por ejemplo, la cobertura de Al-Jazeera en febrero del 2005 de los Informes del Departamento de Estado norteamericano en las Prácticas de Derechos Humanos resaltó la crítica del informe de Arabia Saudita – mientras ignoraban totalmente lo que el informe tenía que decir sobre Qatar.

Además, Al-Jazeera les permite un tiempo considerable en el aire a los opositores sauditas, particularmente islamistas – incluyendo a prominente líderes de Al-Qaeda como Osama bin Laden y Ayman Al-Zawahiri, quiénes están violentamente opuestos al régimen saudita y presentan una amenaza real a Arabia Saudita.

Continuando la narrativa histórica, Fandy declara que el canal de noticias de Arabia Saudita Al-Arabiya fue fundado en el 2003 como respuesta a Al-Jazeera, es decir, como un instrumento para avanzar la agenda política de Arabia Saudita y en especial para oponerse a los ataques de Al-Jazeera. El libro denota que Al-Arabiya a menudo se enfoca precisamente en lo que Al-Jazeera ignora – es decir en temas que muestran una luz negativa sobre Qatar, tales como las violaciones de los derechos humanos en Qatar, sus luchas internas, y los escándalos sexuales de su familia real. También gusta de atraer la atención a la cercana alianza de Qatar con los Estados Unidos (mientras ignora las cercanas relaciones Arabia Saudita-Estados Unidos), y a los supuestos contactos entre Qatar e Israel.

La rivalidad saudita-Qatar también es aparentemente clara en la disparidad entre la cobertura de los dos canales a eventos importantes en el mundo árabe, como la guerra Hizbullah-Israel del 2006. Mientras Al-Jazeera llamó a la guerra «un complot pre-planeado contra Hizbullah», reflejando la parcialización del canal pro-islamista así como también la alianza de Qatar con el eje sirio-iraní-Hizbullah, Al-Arabiya lo lanzó como un «riesgo no calculado» tomado a gran costo hacia el Líbano – una perspectiva que refleja el estatus de Arabia Saudita como cabeza del bloque más moderado saudita-egipcio-jordano.

Mecanismos de control de estado sobre los medios de comunicación: El caso de Egipto

Enfocándose en los medios de comunicación egipcios como ejemplo, el libro perfila los mecanismos usados por los regímenes árabes autoritarios para controlar y restringir los medios de comunicación. A diferencia de Qatar y Arabia Saudita, Egipto tiene medios de comunicación patrocinados por la oposición. Sin embargo, Fandy muestra que todos los medios de comunicación egipcios – ya estén afiliados con el gobierno o con otros elementos – son estrechamente supervisados y restringidos por el estado. Él señala que los medios de comunicación nacionales de Egipto son propiedad y están directamente controlados por las autoridades – ya sea por el propio gobierno o por el Concejo del Shura, el cual está dominado por el partido gobernante y de hecho sirve como frente para la oficina del presidente, mientras que los diarios patrocinados por la oposición e «independientes» están en jaque por medios indirectos. Estos medios incluyen regulaciones severas de autorización, permitiéndole a las autoridades retener una licencia de medios de comunicación a ciertos elementos políticos, o revocarle la licencia mediática que toma demasiadas libertades. Incluso los así llamados medios de comunicación privados están sujetos al control del gobierno, por ejemplo a través de la propiedad gubernamental parcial o lazos empresariales entre sus dueños y la elite gobernante.

En este contexto, Fandy señala que los medios de comunicación árabes son paradójicamente más libres en las regiones árabes ocupadas de lo que son en tierras árabes. A pesar de las penalidades y presiones a las que están sujetos los periodistas en las regiones ocupadas, informando desde tales áreas como la Ribera Oriental, la Franja de Gaza, e Irak es más vigoroso que desde las oficinas en Damasco o el Cairo. Esto es porque las fuerzas israelíes y americanas no disfrutan de los mismos privilegios que los autócratas árabes disfrutan en sus propios países – es decir, los privilegios de encarcelar, secuestrar o matar a reporteros problemáticos. Las amenazas de venganza de los regímenes autoritarios, dice Fandy, hace que muchos periodistas y organizaciones mediáticas se alejen de hacer un informe equilibrado».

Sin embargo, Fandy también señala que los regímenes árabes tienen el cuidado de no amordazar totalmente a los medios de comunicación. Ellos permiten algunas críticas al régimen, mientras no crucen ciertas líneas. Ellos saben que cada sociedad necesita un lugar para ventilar sus agravios – así, los regímenes no sólo usan los medios de comunicación como una herramienta para adelantar sus objetivos, sino también como un «espacio virtual» sumiso dónde ciertos grupos pueden expresar sus puntos de vista sin amenazar significativamente el orden establecido.

Los medios de comunicación árabes y el conflicto intra-estado – El caso del Líbano

A estas alturas, Fandy considera si la politización de los medios de comunicación es un fenómeno restringido a los países autoritarios como Qatar, Arabia Saudita y Egipto. Para responder esta pregunta, él vuelve su atención al Líbano, el cual tiene un régimen democrático multipartidario aunque con problemas. Él encuentra que los medios de comunicación libaneses están de hecho sujetos a un control gubernamental menos rígido que el de Qatar, los medios de comunicación sauditas o egipcios. Sin embargo, él argumenta que a pesar de este hecho, y aunque es totalmente privado, los medios de comunicación libaneses funcionan no obstante principalmente como instituciones políticas. Esto es porque cada medio está asociado – y severamente controlado por – uno de los grupos políticos, étnicos o religiosos que constituyen la fragmentada sociedad del Líbano. Así, en lugar de funcionar como medios de comunicación libres o apolíticos, sirven como herramientas en las luchas políticas entre estos grupos, y entre los países árabes con los que están aliados.

Periodistas como una fuerza transnacional

Otro capítulo en el libro examina la influencia de los propios periodistas en los medios de comunicación árabes. Fandy argumenta que la orientación de varios medios de comunicación no sólo depende de los estados que los controlan, o en la facción política particular o étnica con la que están asociados, sino también en los periodistas que los controlan. Esto es porque muchos medios de comunicación están provistos de pandillas influyentes de periodistas de ciertos países o de bandos ideológicos particulares. A estos periodistas se les permite seguir su propia agenda mientras sirva, o por lo menos no contradiga, la agenda y objetivos de los patrocinadores de los medios y sus dueños. Por consiguiente, estos tienen un impacto mayor en la cobertura y la programación.

El anti-americanismo en los medios de comunicación árabes

Finalmente, Fandy se dirige el fenómeno de anti-americanismo en los medios de comunicación árabes. Él señala que la retórica antiamericana es casi universal en la cobertura de las noticias árabes – no sólo en países como Siria, que son abiertamente hostiles hacia los Estados Unidos sino también en países aliados con este, como Qatar y Arabia Saudita. Hay varias razones por esto, él dice: Una es que el antagonismo hacia los Estados Unidos es compartido por casi todos los sectores de la sociedad árabe. Los nacionalistas se resienten de los Estados Unidos por socavar el régimen del Ba’th de Saddam Hussein; los islamistas lo odian por promover los valores occidentales y por luchar contra bin Laden y el taliban; y las elites gobernantes en los países árabes se resienten por empujar las reformas y la democratización que amenazan su poder. Ya que el antiamericanismo es común a todos estas fuerzas rivales, no es sorprendente que esta se cuele en grande en la sociedad.

Además, los regímenes árabes usan la retórica antiamericana para desviar la culpa de sus propios fracasos. En otras palabras, culpan al «colonialismo» o al «Occidente imperialista» por los problemas de la sociedad árabe, como una manera de evitar tomar responsabilidad por estos.

Finalmente, Fandy señala que los propios periodistas tienden a favorecer los informes críticos a los Estados Unidos, ya que son fáciles de escribir y también están seguros de pasar la censura del régimen – a diferencia de la crítica al régimen. En otros términos, criticar a los Estados Unidos siempre es una opción más segura y fácil para los periodistas árabes.

Fandy concluye que, dado todo esto, no debería esperarse que el anti-americanismo desaparezca pronto de los medios de comunicación árabes.

Conclusión

Los medios de comunicación son llamados a menudo una fuerza que puede traer cambio al mundo árabe. Sin embargo, Fandy concluye que los medios de comunicación árabes son más que un obstáculo para el cambio que un agente de reforma, porque en su estado presente, sirve como una válvula de seguridad para los regímenes. Los medios de comunicación funcionan como «espacios virtuales» que le permiten a varios grupos sociales ventilar sus agravios en un ambiente controlado e inofensivo. Para confundir tales medios de comunicación con los medios de comunicación libres de los países democráticos, Fandy dice, es caer en la trampa puesta por los propios regímenes autoritarios.

Sin embargo, según Fandy, esto no significa que los medios de comunicación árabes no son un caso sin esperanza. Significa que ese cambio no puede ocurrir a través de los medios de comunicación. Totalmente al contrario: El cambio debe pasar por tierra antes de que ocurra en los medios de comunicación. Ya que para que haya una reforma significativa en el mundo árabe, las leyes deben cambiar y los regímenes deben abandonar su estrangulamiento sobre la sociedad. Sólo entonces podemos nosotros esperar ver unos medios de comunicación equilibrados, libres e independientes en el mundo árabe.

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