Introducción

En un discurso ante el Parlamento el 25 de junio del 2006 el Primer Ministro iraquí Nuri al-Maliki perfiló su plan de «diálogo y reconciliación nacional». El plan, diseñado a traerle la paz al país, comprende 24 artículos encabezados por un preámbulo que llama al fortalecimiento de la unidad nacional, dirigiéndose a los efectos del terrorismo y la corrupción, y restaurándole a Irak su papel de liderazgo regional e internacional.

Reseñas de la iniciativa [1]

El plan consiste en dos partes – «los instrumentos requeridos» y «los principios y las políticas requeridas». La sección de «instrumentos» visualiza la creación del «Comité Nacional para la Reconciliación y el Diálogo Nacional», comprendiendo las tres ramas del gobierno, el ministro de estado para el diálogo nacional, los representantes de los varios grupos parlamentarios, personalidades independientes, y clérigos del establishment religioso [marja’iyyat] y de las tribus. Entre otros instrumentos están el emplazar conferencias locales, incluyendo a uno de los principales clérigos, y la emisión de fatwas (decretos religiosos) en apoyo al plan.

La sección sobre instrumentos es corta en detalles. Por ejemplo, el plan no proporciona detalles respecto al tamaño del Comité Nacional, cómo serán seleccionados o nombrados sus miembros, cómo funcionará, y quién lo presidirá. No existe ninguna indicación sobre una fecha tope por la cual se le exige al Comité completar su trabajo.

La sección sobre principios y políticas toma varias posiciones claves:

Rechazar totalmente a los terroristas y a los saddamistas

Ofrecerle la amnistía a aquéllos que no hayan cometido crímenes de guerra,

terrorismo o crímenes contra la humanidad (esta lista se agrandó luego para

incluir crímenes contra personal multinacional o iraquí)

Reconsiderar la política temprana de la de-Ba’thificación [ijtithath al-B’ath] ya

que afecta a los ex empleados, incluyendo a funcionarios militares, y su re-

integración a los servicios del gobierno

Iniciar discusiones internacionales y regionales con países vecinos que

apoyen el terrorismo o se hagan la vista gorda hacia este

Construir las fuerzas de defensa nacional para reemplazar a las fuerzas

multinacionales

Pagar compensación a las víctimas de la violencia y el

terrorismo

Resolver «el problema» de las milicias y los grupos armados ilegales

Dirigir la atención al desempleo.

Las reacciones a la iniciativa

Los partidos políticos claves en el parlamento apoyaron el plan como un paso valeroso, oportuno y constructivo en el camino a la ávidamente esperada reconciliación nacional, el fin del terrorismo y la violencia, la restauración de los servicios vitales, y el comienzo de la reconstrucción económica. Pero fueron sólo dos miembros del parlamento, Sayyed Ayad Jamal al-Din y el Dr. Mahdi al-Hafidth, quiénes desafiaron al gobierno en dirigirse al problema de la violencia en la sociedad iraquí «no a través de ideas superficiales como aquéllas expresadas por al-Maliki sino con valor, dado el legado de 35 años de dictadura y el legado social de tres años de políticas racistas y sectarias practicadas por los dos gobiernos provisionales anteriores». [2]

Los chi’itas y la reacción kurda

El chi’a iraquí ha dado su apoyo al plan pero ellos, y, en menor grado, los kurdos, objetan el aguarle la política de-Ba’thificación tal como ellos la ven en este elemento el potencial de las agencias del gobierno de restaurar a los Ba’thistas en sus antiguas posiciones de dominación. Y es chocante que al-Maliki haya hecho una separación entre saddamistas, quienes están por ser excluidos, y los Ba’thistas a quienes se les dará una segunda oportunidad. Para los chi’a y los kurdos, los saddamistas y los Ba’thistas son dos lados de la misma moneda. Es quizás posible que, haciendo esta distinción entre saddamistas y Ba’thistas, el Primer Ministro al-Maliki buscó aliviar los temores de sus propios partidarios, y de los kurdos también, sobre una restauración total de Ba’thistas de línea dura a las posiciones de poder.

Avanzando en su esfuerzo para la reconciliación, el primer ministro ha ordenado que todos los prisioneros políticos liberados en días recientes como parte de su iniciativa de lograr la paz regresen a sus antiguos puestos de trabajo, incluyendo sus trabajos de enseñanza en las escuelas del gobierno. [3]

La posición de los sunnis

Los dos políticos más antiguos sunni han apoyado la iniciativa pero con serias calificaciones. El mayor de los dos, Tariq al-Hashimi, el vicepresidente de Irak y secretario general del Partido Islámico (el mayor partido político sunni) ha descrito la iniciativa «como un importante primer paso con un propósito» de que puede ser construida. Sin embargo, él afirmó que «no es suficiente atraer a los grupos de resistencia al proceso político». A él le gustaría ver la iniciativa complementada por dos medidas: un itinerario para el retiro de las fuerzas multinacionales y un reconocimiento del derecho legítimo de la insurgencia o, tal como los iraquíes se refieren a la resistencia, «para combatir a las fuerzas de la ocupación». Al mismo tiempo, al-Hashimi ha llamado en los varios elementos de la insurgencia a revisar sus posiciones, dado que «las reglas del juego han cambiado debido al fracaso de los americanos en Irak y debido a que están buscando una salida honorable de la dificultad iraquí». [4]

Estos sentimientos han sido compartidos por Adnan al-Duleimi, quién es miembro del parlamento y presidente del Partido de Acuerdo iraquí, otro partido sunni que ha escogido seguir siendo el principal partido de oposición al gobierno. Al-Duleimi le ha dado la bienvenida a la iniciativa como «un mensaje verdadero y nacional» provisto que es respetado por las milicias chi’itas y la jerarquía religiosa chi’ita [al-Marja’iya].

Además de las dos demandas sobre un itinerario y el reconocimiento de los derechos legítimos de la resistencia, Al-Duleimi ha pedido que el primer ministro ponga fin a la violencia contra la población sunni por las milicias chi’itas, a menudo disfrazadas como ejército o personal de policía.

Las dos demandas claves de los sunni que ellos dicen faltan en la iniciativa de Al-Maliki, a saber el reconociendo del derecho legítimo de la resistencia contra la ocupación y el establecimiento de un itinerario para el retiro de las fuerzas multinacionales no son de la misma magnitud.

Normalmente se reconoce que la «resistencia» se nutre de la población sunni que se siente marginada seguida a la caída del régimen de Saddam. Sin embargo, los sunnis son apoyados financieramente por elementos políticos en Arabia Saudita y los países del Golfo que están intranquilos con la perspectiva de tener en su frontera un estado chi’ita en Irak con enlaces a Irán y el Hizbullah en el Líbano. [5] La advertencia del Rey Abdullah de Jordania sobre «la media luna chi’ita» que se extendería desde Irán a través de Irak a Siria y al Líbano se ha convertido en parte del discurso político en la región. El wahhabismo en Arabia Saudita siempre ha visto a los chi’itas como apostatas – una actitud que claramente guió a abu-Musab al-Zarqawi y a al-Qa’ida en Irak.

Los sunnis consideran a la resistencia contra la ocupación como algo que se persigue legítimamente, y argumentan que el gobierno debería reconocerlo como tal. Sin embargo, el gobierno iraquí no puede aceptar esta demanda por dos razones: La primera razón, articulada por el comentarista liberal iraquí Dr. Abdulkhaliq Hussein, es que la presencia en Irak de las fuerzas multinacionales fue en respuesta a la demanda de la oposición legítima en el exilio para derrocar al régimen totalitario de Saddam Hussein. [6] Al-Maliki mismo confirmó esta posición durante su reunión con la prensa extranjera en Bagdad el 28 de mayo. La segunda, y aun más problemática, la razón es que para reconocer el derecho de la «resistencia» a continuar sus operaciones militares bajo cualquier guía les daría eventualmente a estos combatientes el derecho de marchar hacia Bagdad como «libertadores» y de por sí como los gobernantes legítimos de Irak.

La segunda demanda – de que haya un itinerario – es usada principalmente para propósitos de propaganda y no puede tomarse como valor adjunto. De hecho, a los sunnis les gustaría que las fuerzas multinacionales permanezcan en Irak para prevenir una penetración iraní a full escala en el país o un ataque mayor sobre ellos de las milicias chi’itas. Los sunnis necesitan más tiempo para entrar en alianzas con los kurdos y con elementos del chi’a, tales como el grupo de Allawi, u otros grupos políticos opuestos para llevar a Irak hacia una dominación iraní.

«El problema» de las milicias

En su discurso al Parlamento, al-Maliki se refirió al «problema de las milicias»: Existen dos milicias chi’a importantes asociadas con partidos políticos actualmente en el gobierno. Una es la «Brigada Badr«, asociada con el Concejo Supremo de la Revolución Islámica en Irak (CSRII); la otra es Jeish al-Mahdi [el Ejército Mahdi] bajo el comando del radical, mercurial, xenófobo y a menudo imprevisible Muqtada al-Sadr. Al decir de todos, estas dos milicias reciben apoyo financiero, armas, y el apoyo logístico de Irán. En realidad, estas dos milicias sólo pueden ser disueltas como parte de un acuerdo con Irán – un acuerdo unido, a su vez, a las continuas discusiones entre Irán y Europa sobre el programa nuclear de Irán.

Una tercera milicia chi’a la cual es mucho más pequeña que las otras dos, es conocida como harakat Tha’r-Alá [el Movimiento de la venganza de Alá] y está encabezada por Yusuf al-Mousawi. Esta milicia sirve como brazo militar del Partido Fadhila [Virtud] la cual es parte del Partido Alianza Unido [la principal coalición chi’a]. Esta milicia está activa principalmente en Basra, la segunda ciudad más grande en Irak. La información disponible sugiere que está muy involucrada en contrabandear petróleo hacia Irán por barcos pequeños a menudo protegidos por buques navales iraníes. Mientras el petróleo es vendido por los contrabandistas iraquíes por debajo del precio del mercado, los intermediarios iraníes, conectados con antiguos políticos iraníes y Mullahs, lo venden al precio del mercado, quedándose con la diferencia en sus bolsillos.

Otra milicia es el Pesh Merga, la milicia kurda. Los kurdos mantienen que su milicia es esencialmente una guardia nacional cuyo solo deber es proteger las fronteras del kurdistán iraquí. El Pesh Merga no está involucrado en ninguna actividad militar fuera de la región autónoma kurda y ha mantenido la región como la más segura en Irak con apenas algún acto terrorista o de violencia. Es esta seguridad que está permitiéndole a los kurdos construir una economía próspera y un negocio floreciente, y es probable que no arriesguen el enorme progreso económico que han hecho desde 1990 disolviendo el Pesh Merga.

Al-Maliki mismo reconoce que es difícil para él disolver las milicias por mandato. Él le dijo a los medios de comunicación que el gobierno comprometerá las milicias con un «diálogo grueso y concentrado para evitar acudir a disolverlos por la fuerza». [7] En todo caso, disolver las milicias por la fuerza significaría la disolución de su gobierno.

Identificando a las milicias

Al contrario del movimiento de liberación en Argelia en los años 1950 y 1960 (el FLN), el movimiento de «resistencia» en Irak tiene muchas facciones, algunas de las cuales son nada más que bandas delictivas, liberadas por Saddam Hussein antes de su caída y comprometidos a actos de robo, secuestro, asesinato, y extorsión. Según al-Maliki, siete grupos insurgentes han establecido contratos con él o con otros miembros de los gobiernos en un esfuerzo para ser incorporados al proceso político. Este sigue siendo un asunto de suposición acerca de cuántos otros están todavía operando y quiénes no desean ser identificados por temor a ser liquidados.

Protección personal e institucional

Además de las milicias, existe una variedad de grupos que proporcionan protección a individuos y entidades, ambas oficiales y privadas. Según un estudio, existen 50, compañías extranjeras principales, que proveen tal protección. [8] Muchos de los guardias son mercenarios que vinieron a Irak por aventura y dinero. El Diputado Primer Ministro de Irak Barham Saleh apuntó al peligro de estos grupos, que representan una mayor «ambigüedad en la seguridad» del plan gubernamental para desarmar a las milicias. [9]

Conclusión

Tal como se esperaba, particularmente en luz de la fragmentación de la cultura política en Irak, el apoyo al plan fue rápidamente complicado por un conjunto de observaciones sobre los varios elementos del plan, que amenazaban descarrilarlo. También se espera que tengan lugar muchas concesiones, ambos públicamente y de forma secreta, entre el gobierno y los varios partidos políticos y los numerosos grupos armados. La Embajada americana en Irak es una compañera activa en el proceso.

Para que la iniciativa tenga éxito, es importante que al-Maliki convenza a los escépticos en su propio patio de que la reconciliación no servirá como visa de entrada para los Ba’thistas en masa a sus antiguas posiciones de poder y tampoco para regresar a Irak al estilo de dictadura opresiva de Saddam.

* El Dr. Nimrod Raphaeli es Analista Senior del Programa de Estudios Económicos del Medio Oriente de MEMRI


[1] El texto completo de la iniciativa fue publicado en la mayoría de los diarios iraquíes, por ejemplo, Al-Zaman (Bagdad) y Al-Sabah (Bagdad) del 26 de junio del 2006.

[2] Semanario Al-Ahali (Bagdad), 28 de junio, 2006.

[3] Al-Zaman (Bagdad), 28 de junio, 2006.

[4] Al-Sharq Al-Awsat (Londres), 27 de junio, 2006.

[5] Mientras el Primer Ministro al-Maliki se ha embarcado en una visita a los países del Golfo, comenzando con Arabia Saudita, su ministro para el diálogo nacional, Akram al-Hakim, anunció que un «país anónimo del Golfo» ha cesado su apoyo a los «grupos armados». Al-Mada (Irak), 2 de julio, 2006.

[6] http://www.sotaliraq.com/abdulkhaliqhussein.php?id=32 7

[7] Al-Sabah (Bagdad), 29 de junio, 2006.

[8] Al-Zaman (Bagdad), 29 de junio, 2006.

[9] Al-Sharq Al-Awsat (Londres), 27 de junio, 2006.

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