Las elecciones presidenciales egipcias – las cuales incluyeron por primera vez candidatos múltiples – generaron críticas entre los intelectuales egipcios. Prominentes formadores de la opinión pública afirmaron varios argumentos: de que las elecciones no fueron ni libres ni limpias; que la baja concurrencia de votantes fue una indicación de que los egipcios están alejándose de cualquier actividad política; que los 10 partidos que participaron en las elecciones estaban desprovistos de algún contenido, y les faltó infraestructura, organización, o plataforma que pudieran constituir una base para el apoyo popular; que el comité que supervisa las elecciones no fue objetivo, y que si hubiera habido allí alguna supervisión independiente de las elecciones, este comité habría expuesto el «imperio de corrupción» de la familia Mubarak, el cual está según los críticos, caracterizado por sus actos de fraude.

Otros intelectuales, sin embargo, escribieron que el pueblo egipcio fue infundido con una nueva vitalidad tal como se reflejó en el rompimiento de la barrera de miedo y silencio en el pueblo egipcio, y en el crecimiento de las organizaciones de derechos humanos y de los movimientos populares.

«Somos una sociedad que está presenciando la falsificación y distorsión de la voluntad de sus miembros»

Antes de las elecciones, el redactor progresista Hazem Abd Al-Rahman escribió en el diario del gobierno egipcio Al-Ahram: «Más del 50% de aquellos elegibles por edad para votar no tienen la tarjeta de votación y no están inscritos en el registro electoral. Esto significa que la mitad de [la población]… [todavía] requiere de un medio por el cual puedan ser traducidos en una voz bien definida en las elecciones, [ya que] el resultado [de las estas] no refleja los puntos de vista de todos los ciudadanos…

«[Además], el período de tiempo entre la enmienda constitucional y las elecciones fue insuficiente. Así, no muchos candidatos… tuvieron la oportunidad de presentar su candidatura. Ni tampoco hubo suficiente tiempo para que el pueblo conozca a todos los candidatos. Es más, un porcentaje no insignificantes de ciudadanos elegibles para votar ni siquiera conocían a la mayoría de los candidatos.

«[También], no olvidemos que [la candidatura independiente] era condicional a la obtención del apoyo de los 250 miembros de los concejos elegidos [el Concejo del Shura, el Concejo del Pueblo, y los concejos locales]… [1]

«… En cuanto a los partidos, los cuales se apresuraron a presentar a sus candidatos… no hemos encontrado [incluso] un partido que pudiera alistar a suficientes partidarios para generar una aplastante opinión pública a favor de su candidato…»

Sobre el asunto de supervisar las elecciones, Abd Al-Rahman escribió: «… Somos una sociedad que está presenciando la falsificación y distorsión de la voluntad de sus miembros. Por consiguiente, es incumbente en todos el [trabajar] diligentemente para convencer a la gente que estos actos despreciables se han detenido o que están a punto de detenerse, y que las elecciones han empezado a ser dirigidas en una mejor atmósfera en términos de libertad, neutralidad, y honestidad…» [2]

Una concurrencia del 23% es indicación de que los egipcios se están alejando de la política

En un artículo posterior a las elecciones, Abd Al-Rahman escribió: «La verdadera concurrencia de votantes elegibles, que no excedió el 23%, despierta una atención mayor que los resultados. De unos 32 millones de votantes registrados, el número de votantes no excedió los 7.5 millones. Esta proporción es inaceptable, e indica que los egipcios se están alejando de la política… y que todos los partidos han fracasado en generar entusiasmo y persuadir [al pueblo] a que participe en política. La {concurrencia] de votantes en las ciudades fue más baja que la concurrencia rural, a pesar de la presunción de que la consciencia política es más alta en las ciudades… Las actividades principales de [los partidos] en las ciudades más grandes gira alrededor de los diarios que ellos publican.

«Entre aquéllos contendientes en contra de Mubarak, no había nadie que pudiera ganar [una mayoría] en [incluso] una provincia… Lo más que el candidato Al-Ghad de [‘Mañana’], el Dr. Ayman Nour, pudo hacer fue ganar el voto [mayoría] en Nabaruh, su fortaleza principal en el distrito Al-Dakhaliya, dónde ganó sólo 62 votos más que Mubarak. Tal débil gerencia de las elecciones no le permite a ningún candidato ganar una mayoría, [y menos] la presidencia… En cualquier esfera política dinámica, tales partidos muertos están destinados a desaparecer. Si ésta es la influencia de estos partidos sobre el pueblo y esto es lo máximo de lo que pueden atraer en el voto [del pueblo], entonces es tiempo [de que ellos] se vayan para que nuevos partidos puedan desarrollarse en su lugar, [partidos] que puedan ser más influyentes…

«… No es suficiente explicar la fragilidad y la debilidad de los partidos meramente por la denuncia de que el NDP [ejerció] presión y restringió [las actividades] de los [otros] partidos. Este argumento es un justificativo el cual es peor que la propia ofensa. La verdad es que estos partidos no tienen una verdadera viabilidad. Éste es un asunto que requiere de un tratamiento serio y diferente. Un partido no es meramente un diario, una aparición en la televisión, o una cita en el Concejo del Shura. Nosotros no estamos diciendo que el NDP es inocente de tales asuntos. Pero por qué los [otros] partidos ceden ante esto? Y por qué no se le resisten?…» [3]

Los partidos están desprovistos de contenido, infraestructura, organización, y de plataforma

El intelectual progresista egipcio Al-Bana [4] escribió en el diario egipcio reformista Nahdhat Misr: «El resultado más significativo de las elecciones del 7 de septiembre es la falta de preparación de los partidos… [A estos partidos] les faltó infraestructura, organización, o plataforma que les haría dignos del apoyo del pueblo… [pero] el pueblo prefirió boicotear las elecciones. Haciendo esto, expresó su desilusión y pérdida de confianza ambos en el régimen y en los partidos. Esto es un resultado natural, ya que algunos de estos partidos… no son dignos de ser llamados [partidos]… Éstos son partidos diminutos en el papel, desprovistos de contenido, [compuestos de] gente que [sólo] contempla un aspecto de la reforma. No fue difícil para ellos encontrar 50 o 100 de sus amigos, parientes, y miembros del pueblo para sancionar el establecimiento del partido y obtener la aprobación del Comité de Partidos [Políticos]. Así surgió el diminuto, partido ‘privado’, el cual fue restringido a la familia de sus fundadores… Cada uno de los nueve partidos que participaron en las elecciones recibieron 500,000 libras egipcias y consiguieron entre 200 a 500 votos. La más extraño es que uno de estos partidos, el cual anuncio que votaría por el Presidente Mubarak, recibió esta suma como regalo…

«Si llegamos a las elecciones del Concejo del Pueblo o a las próximas elecciones presidenciales con estos partidos, la tragedia se repetirá y no se habrá hecho ningún progreso … A la mayoría de estos partidos les falta las bases de un partido, y así no hay esperanza por ellos… La libertad para establecer un partido es parte de la libertad de expresión que es uno de los derechos humanos [básicos]. Un país que llama a la libertad y a la protección de los derechos humanos no puede violar este derecho, del cual se deriva la democracia.

«Si esta denuncia [a la libertad de establecer partidos] es comprendida en los próximos meses, será posible para los grupos que creen en una idea comprensiva… de surgir. [Después de todo], los partidos son los cuerpos autorizados para tratar con los problemas del gobierno. Estos partidos inyectarán nueva sangre… y tratarán [al ciudadano] de una manera justa y fiel, fuera de una creencia profunda [y un deseo] de salvaguardar los intereses de la patria, cuando la meta del gobierno y su política es la de servir al pueblo [egipcio].

«Si esta esperanza no es realizada, la presión crecerá gradualmente hasta que alcance el punto de ebullición. ¿Y que [pasará] luego? Habrán sólo golpes de estado, o anarquía, o desviaciones del camino [correcto], o la depravación del [ciudadano]…

«Lo que se ha denominado ‘terrorismo’ es el mero resultado de suprimir las libertades y negar el derecho legítimo de grupos de entre el pueblo a la libertad de expresión. Cuando este derecho es negado, [estos grupos] son obligados a actuar en secreto. Y cuando un obstáculo se interpone entre ellos y [la posibilidad] de hacer escuchar su voz de una manera legítima, están obligados a expresar su protesta a través de la violencia. Eso es lo que nos espera si este Comité de Partidos [Políticos] permanece, como un muro de contención a la democracia…» [5]

Los partidos que líderizaron el boicot a las elecciones pueden clamar victoria

El Dr. Abd Al-Mun’im Sa’id, director del Centro para Estudios Políticos y Estratégicos Al-Ahram, escribió en el diario reformista Nahdhat Misr que el principal, problema serio es que la inmensa mayoría de los egipcios se han vuelto pasivos respecto a lo que está sucediendo: «Esta situación debería ser supervisada y analizada por el NDP y los varios partidos de oposición. Existen varias teorías simples sobre el asunto, según los cuales el pueblo egipcio es pasivo en general, y en la política en particular. La evidencia de esto es la [baja] concurrencia de votantes también en las elecciones de sindicatos. Otra teoría, [basada en] la experiencia de los últimos 50 años, sugiere que las elecciones presidenciales están [pre]determinadas por la intervención del estado, el partido gobernante y los [concejos] locales. En estas elecciones en particular, estaba claro para todos que el Presidente Hosni Mubarak es el vencedor sin rivales.

«Según una tercera teoría, el sistema electoral que resultó de la enmienda al Artículo 76 de la constitución impidió a las fuerzas existentes en la sociedad de participar… Las severas restricciones crearon [una situación] en que los candidatos independientes no podían presentar sus candidaturas, y se removieron fuerzas dinámicas, tales como la Hermandad Musulmana, los partidos Nasseristas izquierdistas, y otros, de la arena política. Claro los partidarios del Movimiento [Popular] Kifaya [para el Cambio] y el partido democrático nacional Al-Tagammu’ – qué llevó al movimiento a boicotear las elecciones – pueden exigir que su asalto [contra el sistema electoral] tuvo éxito, y es más, que fueron los vencedores más prominentes, ya que después de todo, el 77% del pueblo no fue a colocar su voto…

«Puede haber alguna verdad en todas estas teorías… El hecho es que la mayoría de la gente adoptó la posición de espectador al momento cuando el proceso acelerado de reforma política comenzó. [Por consiguiente], mientras la gente no participe seriamente en este proceso de reforma política… el resultado será finalmente un proceso burocrático de reforma que no difiere mucho [del proceso que llevó] a la enmienda del Artículo 76 de la constitución…» [6]

La comisión que vigila las elecciones era «Qaraqushian»

El activista de derechos humanos egipcio y director del Centro Ibn Khaldun en el Cairo Dr. Sa’d Al-Din Ibrahim, criticó agudamente a la Comisión de Elecciones Presidenciales en un artículo titulado «Comisión Qaraqushian [7] para las Elecciones Presidenciales»: «La comisión nombrada por el Presidente Mubarak para supervisar las elecciones presidenciales, encabezado por el consejero Mamdouh Mar’i, incluye a varios expertos legales y figuras públicas. Se supone que la comisión cumpla la misión designada por la constitución y la ley vigilando que las elecciones – las cuales, por primera vez en la historia de Egipto, eran competitivas – serían justas. También se supone que opera en cierto modo que le dará al pueblo la sensación que sus decisiones sean limpias e imparciales.

«Es así cómo la comisión operó? Desafortunadamente, la respuesta… está en lo negativo. La Comisión de Elecciones Presidenciales no le dio a la mayoría de los egipcios el sentido de que es un comité verdadero, objetivo, justo, y limpio… La ley otorgó en la comisión amplias e ilimitadas autoridades, [según los cuales] sus decisiones son finales y no están sujetas a la vigilancia o a la apelación – las autoridades equivalen a la autoridad divina!

La buena fortuna de «Egipto, sin embargo, es que disfruta de vigilancia popular. Esto es [sólo] en parte organizado y reflejado en los NGOs, pero es principalmente fortuito y espontáneo, reflejado en chistes y en refranes populares. Cierto, esta supervisión popular es indirecta, y no tiene consecuencias administrativas claramente definidas o legales. Pero este destruye y deshonra el [régimen] de legitimidad, y censura a cualquiera que renuncia al bien público o subestima la sabiduría del pueblo. Una denuncia moral se convierte en una denuncia eterna. Debemos tener presente cómo los egipcios vieron la crueldad de Al-Hakim Bi-Amri Allah, [8] o [la crueldad] de Qaraqush…

«La calidad Qaraqushian de la comisión es resaltada por la declaración hecha por el encabezado de la comisión al [diario] Al-Masri Al-Yawm, de que él no permitirá a los representantes del NGO o a los representantes de los candidatos [observar] los comités de votación en el día de las elecciones. Treinta y cuatro NGOs denunciaron la declaración del encabezado de la comisión, y le escribieron [junto a estas líneas] inmediatamente después de su anuncio, pero él se negó a recibir sus mensajes… El encabezado de la comisión de elecciones habló como un general o un mariscal militar, que ordena y prohibe, y no permite…» [9]

Persistencia en el engaño y el fraude son rasgos inseparables de la familia Mubarak; El Artículo 76 de la enmienda, que significo el ofrecer la candidatura pluralista, lo hizo más duro para los ciudadanos egipcios

En otro artículo en el diario Qatari Al-Raya, el Dr. Sa’d Al-Din Ibrahim escribió: Existe un acuerdo general del que nadie parte excepto la propia familia Mubarak: de que las elecciones, a pesar de ser históricas, no fueron libres o limpias… [Cierto] esta fue la primera vez que los [ciudadanos] de Egipto tuvieron la oportunidad de elegir al presidente del país de entre más de [un] candidato, pero… presentando la candidatura de uno… involucro restricciones imposibles. Esto limitó finalmente la carrera [presidencial] a [un] sólo candidato peso pesado y a nueve candidatos… sin peso alguno. Así, la formulación de la enmienda al Artículo 76, el cual significó el abrir una puerta para ofrecer la candidatura pluralista lo hizo más duro para todos los ciudadanos {egipcios]…

«Elecciones libres y limpias podrían romper el monopolio [de la familia Mubarak] meramente por medio de la participación del pueblo en ellas, aun cuando ellas no lleven a [la familia Mubarak] a perder su reino… Fue por esta razón que ellos se opusieron a la supervisión independiente de las elecciones por los observadores internacionales, aun sí estas fueran, por ejemplo, en nombre de ls Naciones Unidas la familia Mubarak quisiera que no hubiera competencia alguna…

«La mayoría cree que la escena de dejar al régimen [dentro de la familia]… es lo que señala el control de [la familia Mubarak] por sobre el régimen sin [ningún] compañero o [ningún] supervisor o inspector. La familia Mubarak teme grandemente que cualquier supervisión, incluso por encima de una pequeña parte del régimen, amenazará… la exclusividad de [su régimen] y amenazaría exponer el imperio de corrupción que ha alcanzado proporciones monstruosas durante su reino. Esto [llevará] a exigir una cuenta, para devolver cosas que ellos saquearon, y para que sean castigados por lo que ellos y sus ángeles de mal han hecho por más de un cuarto de siglo…

«Cierto, [tal] supervisión todavía hubiera determinado la victoria de [Mubarak] en las elecciones – pero con una ventaja mucho menor que la anunciada por el régimen o por el comité privado nombrado por la familia Mubarak para hacer las elecciones. Tal como fue acordado unánimemente por los supervisores NGO, Mubarak ganó aproximadamente con el 65% de los votos… – 20% más bajo que la cifra anunciada por el comité privado que [el nombró]. Ésta es una victoria por una diferencia significante, pero la persistencia en hacer trampa y fraude se ha vuelto un rasgo inseparable del estilo de vida de la familia Mubarak… Puede ser que todo lo anterior también cuente para la negativa de la familia Mubarak a anunciar sus [contribuyentes] y de revelar la magnitud de su riqueza – a pesar del hecho que Ayman Nour, uno de los principales oponentes… anunció quiénes eran sus [contribuyentes] y exigió a que la familia Mubarak haga lo mismo…» [10]

La barrera del miedo ha sido cruzada

El egipcio islamista Fahmi Huweidi escribió en el diario árabe de Londres Al-Sharq Al-Awsat: «Está claro que el discurso [político] en Egipto se ha intensificado en las propagandas de las elecciones. La prensa de oposición y los periódicos independientes han ido muy lejos en su crítica a la política del Presidente Mubarak y de la influencia de su familia. [Éstos] periódicos no escatimaron [palabras] en su crítica a su círculo y a sus colaboradores, y esto ha creado una marca especial de democracia: esto proporciona a esta gente… con un amplio margen de expresión, [pero] sin derecho a participar…

«Nadie niega que la sociedad egipcia ha presenciado – quizás por primera vez a mitad de siglo – una notable vitalidad, que se refleja cruzando la barrera del silencio y del miedo, penetrando por las líneas rojas que protegían al régimen… de la crítica y de responsabilidad. [Esta vitalidad también se refleja en] el poder creciente de los NGOs que han exhibido una presencia importante en la arena política.

«La evidente paradoja en esta atmósfera es el pálido y débil funcionamiento de los 21 partidos legítimos, con la excepción del NDP gobernante, mientras los grupos políticos no-legítimos [demostraron] una presencia mayor. Esto es manifestado en las actividades del movimiento de la Hermandad Musulmana y en el movimiento Kifaya.

«Si estos desarrollos provienen de los amplios márgenes de libertad… o si provienen de las presiones de una sociedad cuyas elites fueron oprimidas como resultado del estancamiento político en Egipto, [estas elites] se han aprovechado de las elecciones… para expresar su fuerte deseo por el cambio… El hecho es que una nueva vitalidad ha penetrado al pueblo egipcio, a la que no se le ha dado [la oportunidad] de cambiar nada en el nivel más alto [del gobierno]. La renovación del régimen del Presidente Mubarak fue preordenada, y no hubo ninguna verdadera campaña de elecciones. Las elecciones parlamentarias, a ser celebradas en noviembre, verán una intensa campaña en que la promesa de reforma política será puesta a prueba. El presidente Mubarak no compitió contra un verdadero oponente… pero el NDP gobernante puede ser combatido y derrotado en cualquier elección regular, a menos que los aparatos del liderazgo intervengan enérgicamente en su nombre – [una posibilidad] que sería difícil de aceptar ahora en Egipto…

«Este vez, las elecciones presidenciales no trajeron ningún nuevo [desarrollo], pero abrieron la puerta a un fuerte deseo que puede traer algo nuevo a las elecciones parlamentarias – mientras éstas sean celebradas con una cantidad razonable de neutralidad y objetividad». [11]

* A. Shefa es Compañera de Investigación en MEMRI.


[1] Véase Investigación y Análisis de MEMRI No. 237, 2 de septiembre, 2005: «Hacia las Elecciones Presidenciales del 7 de Septiembre en Egipto: Debate Público sobre el Cambio en el Sistema Electoral», http://www2.memri.org/bin/articles.cgi?Page=archives&Area=ia&ID=IA23705#_ednref3.

[2] Al-Ahram (Egipto), 28 de agosto, 2005.

[3] Al-Ahram (Egipto), 11 de septiembre, 2005.

[4] Gamal Al-Bana es el hermano menor del fundador de la Hermandad Musulmana egipcia Hasan Al-Bana.

[5] Nahdhat Misr (Egipto), 15 de septiembre, 2005.

[6] Nahdhat Misr (Egipto), 15 de septiembre, 2005.

[7] Baha Al-Din Qaraqush (d. 1201) era el vizier de Salah Al-Din, un administrador y político eficaz y firme. En la tradición popular, sin embargo, la imagen de Qaraqush es de un tirano tonto.

[8] Al-Hakim Bi-Amri Alá fue el tercer califa Fatimid, que gobernó Egipto entre el 996 y el 1021. Según las sagradas escrituras drusas, él fue percibido como una revelación divina. Durante su mandato, la atmósfera de tolerancia religiosa fue brutalmente violada. Él emitió una serie de decretos y prohibiciones incluyendo un decreto que le exigía a los judíos que llevaran una campana alrededor de sus cuellos.

[9] Al-Raya (Qatar), 28 de agosto, 2005.

[10] Al-Raya (Qatar), 3 de octubre, 2005.

[11] Al-Sharq Al-Awsat (Londres), 21 de septiembre, 2005.

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