La noticia me estremeció con una espantosa diversión de dureza, publicada primeramente por el diario El Wall Street Journal, de que China estaba muy cerca de recibir su primera base naval en el Océano Atlántico, en la Guinea Ecuatorial.[1] Habiendo sido embajador de los Estados Unidos en dicho estado africano relativamente oscuro y muy rico en energía, no me sorprendió en lo absoluto. El informe noticioso mencionó que el asesor adjunto de seguridad nacional de la administración Biden Jonathan Finer, visitó Malabo con el propósito de advertirles al convaleciente presidente Obiang Nguema Mbasogo y a otros líderes del régimen sobre el riesgo de tal acción en las relaciones Estados Unidos-Guinea Ecuatorial. China le restó importancia al informe diciendo que si esto llegase a suceder, «sería muy diferente de lo que Estados Unidos ha imaginado. Tal situación beneficiará a la región sin ningún tipo de daño o perjuicio».[2]

Ya sea que Estados Unidos pueda o no disuadir a los ecuatoguineanos a que den dicho paso, toda la controversia es una especie de lección objetiva en la competencia entre Estados Unidos y China en todo el continente africano. China ha tenido relaciones con la Guinea Ecuatorial durante 50 años, pero nunca tuvo una embajada en el país cuando yo ocupe el cargo allí hace solo 9 años. Hoy este tiene una embajada residente, un consulado en Bata en el continente, un Centro Confucio dentro de la universidad nacional y proyectos de construcción considerados masivos.

La ironía aquí es que, a diferencia de muchos otros países del continente, Guinea Ecuatorial fue una excepción en donde Estados Unidos tuvo, durante años, una ventaja incorporada. Siendo esta una antigua colonia española, no pertenecía al bloque de países africanos anglófonos, francófonos o lusófonos. El lugar era una especie de caso atípico o huérfano en busca de un amo o mecenas poderoso. Fueron los estadounidenses quienes descubrieron petróleo en el país en la década de los años 90, un hecho que los altos funcionarios del gobierno reconocerían con gratitud. Y fueron las empresas de energía estadounidenses – ExxonMobil, Marathon, Noble Energy (ahora Chevron) – las que desarrollaron y aún dominan ese importantísimo sector energético en la economía del país.

El régimen autoritario del presidente Obiang deseaba sinceramente tener unas relaciones mucho más cálidas con Washington, pero no fue así. Las necesidades de seguridad marítima del país son bastante reales, ya que el Golfo de Guinea es un semillero de piratería, principalmente desde el delta del río Níger en Nigeria.[3] Pero los demócratas estadounidenses y la comunidad de defensa se centraron en el pobre historial de derechos humanos y en la corrupción del país. Aunque aquellos más escépticos señalaron que otros estados africanos con antecedentes muy similares, tales como Camerún, el Congo o Angola, fueron tratados mejor por Washington (Angola fue el raro país no-democrático invitado a la Cumbre por la Democracia del presidente Biden en diciembre del año 2021).[4] Pero Angola, el tercer socio comercial de Estados Unidos en el África subsahariana, tenía mucho más petróleo y más riqueza que la Guinea Ecuatorial. El régimen de Obiang era lo suficientemente rico como para ser un problema, pero también lo suficientemente pequeño como para ser tratado como paria por Washington (ya que las compañías petroleras estadounidenses produjeron la bonanza energética del país).

Una comparación de los portales de las embajadas de China y de los Estados Unidos es un contraste fascinante de prioridades. La misión china en Malabo destacó la firma de un reciente acuerdo de cooperación técnica y económica en el que el embajador de Pekín utilizó la retórica ahora familiar de la política exterior en la República Popular China: «Beneficio mutuo y cooperación en beneficio mutuo», «cooperación Sur-Sur» y «destino común» «entre los dos países.[5] Mientras tanto, el portal de la embajada estadounidense en Malabo destacó la inauguración de una «plataforma estadounidense» con información sobre los Estados Unidos.[6] A pesar de los mejores esfuerzos de los diplomáticos estadounidenses que de por si trabajan muy duro, la impresión que se obtiene cuanto más se examinan los detalles de las actividades diplomáticas es la de un enfoque considerablemente más modesto, de menor nivel y discreto que el del ambicioso plan chino para África.[7] Y eso no es nada sorprendente viéndolo desde la parte estadounidense dadas las obvias limitaciones políticas para tratar de fortalecer los lazos con un país (relativamente pequeño) y considerado extremadamente problemático por el consenso de Washington.[8] Pero el contraste entre los dos rivales globales no se limita a dicho país.

China, por supuesto, no tiene restricciones sobre el tema de los derechos humanos. Este puede funcionar en condiciones y en proyectos por los que Estados Unidos nunca pudiera esperar competir. En Sudán, bajo la tutela del régimen de Bashir, China se hizo cargo de los proyectos petroleros abandonados por las empresas estadounidenses debido al tema de los derechos humanos. En Guinea Ecuatorial, yo recuerdo a diplomáticos de países tales como Egipto, Turquía y Brasil, que buscaban engancharse contratos de construcción y eran indiferentes y faltos de curiosidad ante las preocupaciones sobre el tema de los derechos humanos, quejándose siempre sobre la ventaja competitiva de China, una ventaja que ellos no podían igualar.[9]

No es que Estados Unidos no esté al tanto de la avalancha de recursos y relaciones de China que están siendo producidos en África (y, por extensión, en otras partes de Latinoamérica y Asia). Nuevamente, Washington parecía tener clara ventaja desde el principio. La Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA/siglas en inglés) fue aprobada por primera vez por el Congreso en el año 2000 y fue ampliada hasta el año 2025. En el 2008, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos puso en marcha el Comando África de los Estados Unidos (AFRICOM). En el año 2010, la administración Obama inició la Iniciativa de Jóvenes Líderes Africanos (YALI/siglas en inglés), seguida en el año 2013 por el lanzamiento de Power África, una iniciativa para duplicar el acceso a la energía eléctrica en el continente. En el año 2019, la administración Trump anunció la iniciativa Prosper África para incrementar el comercio recíproco. Todas estas fueron iniciativas valiosas y absolutamente dirigidas a áreas clave tales como las áreas de comercio, defensa, energía y juventud.

Pero China se ha puesto al día. Su primera base militar en el extranjero abrió en Djibouti en el año 2017. Su relación comercial con África eclipsa a la de Estados Unidos a pesar de nuestros esfuerzos. Pekín ha superado claramente a los Estados Unidos en restringir el acceso a recursos muy escasos como el cobalto en África.[10] El sentido en gran parte de África parece ser que, si bien Washington todavía puede hacer cosas por ustedes, no puede hacer mucho por ustedes, ciertamente no tanto como China.[11] Y lo que Washington puede hacer parece venir con ataduras (AGOA, por ejemplo, incorpora derechos laborales y avanza hacia un modelo de mercado libre, los lazos militares poseen aún más ataduras), si es que se llegase a dar.

Independientemente del buen trabajo hecho en el pasado y de la loable preocupación estadounidense por los derechos humanos y por la democracia en África (y en otros lugares), uno no puede evitar sentir que Estados Unidos se encuentra muy mal preparado para una floreciente competencia entre grandes potencias que se extiende a través de todo el mundo, una lucha por recursos, mercados y aliados, que involucra no solo a China sino a la Unión Europea y potencias menores como Rusia, Turquía e Irán. Y aunque nosotros (y algunos países africanos) podemos ver el papel de China en África como el de un depredador, otros pueden encontrarlo en menor intensidad, especialmente cuando no desean cargar con el equipaje o no pueden pagar los precios que exigen aquellos occidentales menos depredadores. China no solo está en marcha en África, sino que está en camino de superar a Estados Unidos como el principal socio comercial de Latinoamérica, en el propio patio trasero hemisférico de los Estados Unidos.[12]

La Cumbre por la Democracia de Biden, con toda su santidad sobre el confrontar a los estados autoritarios, parecía menos que un llamado de atención al futuro y más un último estallido del pasado, de una era pasajera en la que Estados Unidos se veía a sí mismo como el único actor en la ciudad, como la mejor opción obvia en el lugar. No sé cuál sería exactamente la nueva y mejor forma para que Estados Unidos proyecte su poderío y gane influencia a futuro, pero las antiguas formas de hacer las cosas no parecen funcionar y no se han mantenido al día junto a un escenario internacional en rápida evolución. Ciertamente, una parte esencial del renovado poderío estadounidense es tratar de reparar nuestra ya hundida economía y nuestra devastada fuerza laboral en casa. Sin ese enfoque doméstico, todo lo demás parece mera ilusión. Pero incluso si renunciamos a las cruzadas extranjeras, aún así tendremos un papel internacional importante que desempeñar. No serán costosas debacles tales como Afganistán e Irak (ya no podemos permitirnos tales aventuras) ni sugiero un conjunto de relaciones meramente transaccionales divorciadas de valores tales como los que persiguen algunos países. China no es invencible ni su hegemonía es inevitable, pero tengo la sensación de que, todavía, somos demasiado complacientes con el desafío al que nos enfrentamos que se precipita implacablemente en dirección nuestra.

*Alberto M. Fernández es vicepresidente de MEMRI y ocupó el cargo de Embajador de los Estados Unidos en Guinea Ecuatorial desde el año 2009 al 2012.


[1] Wsj.com/articles/china-seeks-first-military-base-on-africas-atlantic-coast-u-s-intelligence-finds-11638726327, 5 de diciembre, 2021.

[2] Globaltimes.cn/page/202112/1240826.shtml

[3] Energyvoice.com/oilandgas/africa/lng-africa/272638/lng-carrier-equatorial-guinea, 19 de octubre, 2020.

[4] Carnegieendowment.org/2021/11/22/who-s-in-and-who-s-out-from-biden-s-democracy-summit-pub-85822, 22 de noviembre, 2021.

[5] Gq.chineseembassy.org/esp/

[6] Gq.usembassy.gov/es/

[7] Youtube.com/watch?v=FOEOy4nUTnA, 28 de octubre, 2021.

[8] Civicus.org/index.php/media-resources/reports-publications/3886-when-silence-does-not-mean-consent-the-dire-state-of-human-rights-in-equatorial-guinea , 4 de junio, 2019.

[9] Youtube.com/watch?v=KBY6r2Z3yeY, 20 de junio, 2021.

[10] Politico.com/news/2020/12/02/china-cobalt-mining-441967, 2 de diciembre, 2020.

[11] Globalcompliancenews.com/2021/09/26/africa-chinas-trade-with-the-continent-grows-to-record-highs-16092021, 26 de septiembre, 2021.

[12] Weforum.org/agenda/2021/06/china-trade-latin-america-caribbean, 17 de junio, 2021.