En una conferencia de prensa realizada en la Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos Joe Biden respondió a una pregunta sobre una posible respuesta hipotética por parte de la OTAN ante un ataque ruso contra Ucrania. Biden respondió lo siguiente: «Creo que lo que verán es a una Rusia responsable si invade. Y depende de lo que haga. Una cosa es si se tratase de una incursión menor».[1]

La respuesta de Biden pareció indicarle a Putin que una respuesta estadounidense a una invasión a Ucrania por parte de Rusia sería limitada o tal vez inexistente si Rusia se limitase a realizar una incursión menor.

Un horrorizado presidente de Ucrania Volodomyr Zelensky tuiteó su dolorosa respuesta: «Queremos recordarle a las grandes potencias que no existen incursiones menores».[2]

La Administración Biden, al darse cuenta de su error, se comprometió a controlar y reparar daños al aclarar que si Rusia enviaba sus fuerzas al otro lado de la frontera, se encontraría con “una respuesta rápida, severa y unida por parte de los Estados Unidos y sus aliados”.[3] Estados Unidos puso en alerta a miles de tropas con el propósito de enviarlas a Europa y tardíamente le proporcionó armas a Ucrania.

La declaración de Biden recuerda muy bien el discurso pronunciado por el secretario de estado Dean Acheson el día 12 de enero del año 1950 en su discurso al National Press Club, en el que describió qué había regiones en el mundo que Estados Unidos debía defender: «Nuestro perímetro defensivo corre a lo largo de las Aleutianas hasta Japón y luego va hasta Ryukyus al que continuaremos defendiendo… El perímetro defensivo se extiende desde Ryukyus hasta las Islas Filipinas».[4]

La descripción de Acheson omitió a Corea del Sur y poco después siguió la invasión norcoreana a la zona sur. Según algunos relatos soviéticos, el discurso de Acheson le fue enviado rápidamente a Stalin y este disminuyó su vacilación a la hora de aprobar el ataque. Al final, Estados Unidos luchó por Corea del Sur en una guerra tremendamente costosa.

Otra situación similar ocurrió recientemente, antes de la invasión de Saddam Hussein a Kuwait en el año de 1990, que desencadenó la Primera Guerra del Golfo. Mientras Saddam acumulaba tropas en la frontera con Kuwait, la embajadora de Estados Unidos en Irak April Glapsie, conversó con Saddam. Ella dijo lo siguiente: «No poseemos opinión alguna sobre los conflictos árabe-árabes, tal como su desacuerdo fronterizo con Kuwait». Ella también explicó cómo ya para la década de los años de 1960, las disputas fronterizas árabe-árabes se consideraban «no asociadas con los Estados Unidos». Ella también dijo: «Admiro sus extraordinarios esfuerzos por reconstruir su país». Luego dijo: «Recibí instrucciones para preguntarles, con espíritu de amistad más no con espíritu de confrontación, sobre sus intenciones».[5]

Al igual que Acheson, luego se culpó a Glaspie de esencialmente otorgarle luz verde a la invasión iraquí de Kuwait.

Incluso la redacción más perfecta no necesariamente disuadirá a un invasor ya decidido, pero para los líderes que sopesan las posibles consecuencias de una invasión, una expresión opositora más fuerte puede evitar una guerra inmediata.

Las palabras cuentan, particularmente cuando representan la postura autoritaria de los Estados Unidos. La conclusión es que, al igual que lo hicieron Acheson y Glaspie, el presidente Biden ha desbaratado el poder de disuasión estadounidense y ha hecho que la guerra con Rusia sea mucho más probable. El tiempo aún no lo sabe, pero la declaración de Biden perjudicó la postura estratégica de los Estados Unidos. Si Putin termina no invadiendo Ucrania es porque Estados Unidos corrigió este error con acciones mucho más fuertes que indican oposición a la agresión de Rusia.

La metida de pata de Biden es particularmente dañina, porque hoy día muchos ven a Estados Unidos como una potencia en total debacle, particularmente después de la retirada de Afganistán. Antes de la Guerra de Corea y la Guerra del Golfo, al menos el mundo en su totalidad veía a Estados Unidos como la superpotencia más poderosa del mundo.

El poder de las declaraciones y acciones estadounidenses debe tomarse muy en serio no solo respecto a Ucrania. Dos estados rebeldes, Corea del Norte e Irán, han estado poniendo a prueba recientemente la resolución de Estados Unidos en su contra. En ambos casos, la respuesta estadounidense ha sido decepcionante.

Cuando Corea del Norte lanzó una serie de misiles en una demostración de fuerza sin precedentes, Estados Unidos simplemente siguió muy de cerca las acciones. El Departamento de Estado respondió: «Estas pruebas… violan varias de las Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y representan una amenaza para los vecinos de la RPDC y para la comunidad internacional».[6] Además, Estados Unidos impuso sanciones específicas a no más de cinco funcionarios norcoreanos, a un individuo ruso y a una empresa rusa por instigar la adquisición ilegal de tecnología para el programa de misiles de Corea del Norte. La embajadora de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas Linda Thomas-Greenfield, buscó también que se aplicaran sanciones mucho más duras por parte de la ONU contra Corea del Norte, pero se esperaba que el intento fuese bloqueado por China y Rusia, que han estado liderando esfuerzos para levantar las sanciones existentes de las Naciones Unidas contra Corea del Norte. La débil respuesta de Estados Unidos no va a impresionar a Kim Jong Un y como resultado, pudiéramos esperar que Corea del Norte reanude sus pruebas nucleares.

El caso de Irán es mucho más peligroso porque en las últimas semanas, las milicias respaldadas por Irán han estado apuntando directamente a soldados y a las bases militares estadounidenses.[7]

Lo único que Estados Unidos le ha mostrado a Irán y a Corea del Norte es que la violencia da resultados.

Claramente, el objetivo de la Administración Biden es evitar la guerra a toda costa, incluso si eso significa hacer que Estados Unidos se avergüence y pierda algo de prestigio. Si ese fuera un enfoque efectivo, entonces un poco de vergüenza realmente no sería un gran problema. Sin embargo, tal como vimos en los casos de la Guerra de Corea y la Guerra del Golfo, este enfoque no es nada efectivo contra las dictaduras.

El resultado más probable es tanto la vergüenza como la guerra.

*Yigal Carmon es presidente y fundador del Instituto de Investigación de Medios de Comunicación del Medio Oriente (MEMRI); Amiel Ungar es compañero analista y editor del Proyecto de Medios de Comunicación Rusos en MEMRI.


[1] Whitehouse.gov. 19 de enero, 2022.

[2] Usatoday.com 20 de enero, 2022.

[3] Washingtonpost.com 20 de enero, 2021.

[4] Boletín del Departamento de Estado, No. XXII, No.551 (23 de enero, 1950), pp.111-118.

[5] Diario El Times de Nueva York International 23 de septiembre, 1990.

[6] Nationalinterest.org, 30 de enero, 2022

[7] Los houties, otro grupo de milicias agente-iraní, también están utilizando misiles iraníes para atacar objetivos de valor en los Emiratos Árabes Unidos y la única respuesta de Estados Unidos es llamar a estos ataques «problemáticos». Además, a pesar de que los houties afirman abiertamente que estos están atacando objetivos civiles y económicos en los Emiratos Árabes Unidos, lo que constituye crimen de guerra, la Administración Biden no ha restaurado a los houties su designación como organización terrorista, la cual levantó como gesto de buena voluntad a Irán antes de las negociaciones del acuerdo PAIC.