En su columna publicada el 13 de diciembre, 2020 en el diario saudita en Londres Al-Sharq Al-Awsat, el periodista libanés Hazem Saghiya defiende a los países que recientemente normalizaron sus relaciones con Israel. Estos países, dice Saghiya, poseen preocupaciones existenciales cruciales y además necesidades nacionales propias y no puede esperarse que sacrifiquen dichas necesidades por el bien de la causa palestina, «a la que ya nadie le atribuye demasiada importancia». Este hizo hincapié en que, aunque todos reconocen el derecho de los palestinos a poseer un estado independiente, su causa ya no es coherente con los intereses nacionales de otros estados árabes y a veces, incluso contraviene dichos intereses. Saghiya agrega que a lo largo de los años, la brecha, e incluso el conflicto, entre los intereses palestinos y los árabes se incrementó gradualmente, mientras que el número de países involucrados en la guerra con Israel disminuyó constantemente. Al mismo tiempo, varios elementos del mundo árabe, tales como los países de Irán y Siria, así como también islamistas, izquierdistas y nacionalistas pan-árabes, se aprovecharon de la causa palestina para sus propios fines e intereses, blandiendo lemas grandilocuentes acerca de la unidad árabe y el derrotar a Occidente, lo que solo sirvió para hacer que el problema palestino no tuviera ninguna solución. La nostalgia por estas consignas no traerá ningún logro a los palestinos en lo absoluto, advierte Saghiya.

Hazem Saghiya (Fuente: Hafryat.com)

Lo siguiente son extractos de su artículo.[1]

«Las reacciones que condenaron las recientes medidas tomadas por los árabes de normalizar sus relaciones con Israel [todos ellos] omitieron y pasaron por alto un punto muy específico, que fue extensamente discutido en otros contextos, es decir, las necesidades vitales de los países en proceso de normalización de relaciones. Pocos señalaron el hecho de que estos países y sus pueblos tienen sus propios problemas, incluyendo el peligro que representa Irán y sus tendencias expansionistas; el deseo de Marruecos de restaurar lo que considera su integridad territorial y la eliminación de Sudán de la lista de países que apoyan el terrorismo, con todas las implicaciones económicas que esto puede tener. Estos problemas no son de ninguna manera triviales. Incluso el Líbano, que no ha normalizado sus relaciones con Israel, mantuvo negociaciones directas con los israelíes sobre la delimitación de fronteras entre los dos países y lo explicó señalando la necesidad de producir su propio crudo.

«Mientras los ‘árabes’ sean diferentes países, sociedades y con diferentes intereses, será difícil ignorar estos problemas y preocupaciones y afirmar que la normalización de relaciones es simplemente la voluntad de alguna élite gobernante, o esperar que los árabes sacrifiquen sus intereses por lealtad a su «deber nacional» de apoyar a los palestinos, un deber al que ya nadie le atribuye mucha importancia.

«Algunos detractores a la normalización de relaciones afirman que los regímenes árabes pueden fácilmente suprimir la voluntad de sus pueblos y obligarlos a aceptar la normalización de relaciones. Pero lo que estos dicen cuando los regímenes que pregonan mucho más fuerte su hostilidad hacia Israel y su oposición a la normalización de relaciones es que son en realidad ellos los que más oprimen a sus pueblos e infligen el mayor daño a los palestinos…

«La amargura de los palestinos es ciertamente comprensible, ya que los asentamientos, la constante erosión de su territorio y el declive de la solución de dos estados continúan reprimiendo sus innegables derechos. Lo que hace que esta amargura sea aún mayor y le añade una sensación de engaño, es que los árabes una vez blandieron tantas consignas como la de ‘Palestina es la causa principal de los árabes’, ‘Palestina es nuestra causa central’, ‘Palestina es nuestra brújula’ y ‘nuestra postura hacia los países del mundo depende de su postura al tema palestino, ‘etc. Además, todos los que escucharon estas consignas las creyeron o fingieron creerlas…

«Al discutir países y políticas… es importante señalar que el tema palestino ya no es nada coherente con las preocupaciones nacionales de los otros países árabes y ya no conlleva una promesa de liberación para nadie o siquiera una mejora de la situación económica de nadie. Los constantes llamados a la resistencia y a la confrontación, que todavía se escuchan al margen de la causa palestina, han perdido todo su atractivo para los árabes y probablemente incluso para los propios palestinos.

«Esta desconexión entre la causa palestina y los temas de los países árabes se ha convertido en una catástrofe para todos y las acciones de los palestinos son en parte responsables de ello, porque su causa ya no coincide con los intereses de los países y pueblos árabes o sus miedos. De hecho, todo esto exacerba tales temores. Piénsenlo: movimientos tales como Hamas y el Yihad Islámico poseen un pacto con Irán, un país al que gran parte del mundo árabe le teme. Estas dos organizaciones están repitiendo el gran error cometido por la OLP de apoyar la invasión de Kuwait perpetrada por Saddam Hussein en el año 1990, pero a una escala mucho mayor.

Hoy día, las relaciones entre israelíes y palestinos tienen muy poco impacto sobre el resto del mundo árabe. Para decirlo con más precisión, a medida que la bravuconería sobre la causa palestina se hizo mayor que la propia causa, fue más fácil para todos apropiarse de dicha causa y hacer uso de esta. Todo esto le permitió a Bashar Al-Assad aprovecharlo tal como lo hizo y permitió que Irán pretendiera representarlo y liderarlo…

«Este tema tiene una historia. Luego de lo sucedido en Jordania en el año 1969 y en el Líbano en 1970, quedó claro que los intereses y aspiraciones de los palestinos pudieran desviarse de aquellos otros intereses y aspiraciones de los árabes hasta el punto donde no pueden ser salvadas por las consignas nacionales pan-árabes. Este cisma se incrementó aún más a medida que se desarrollaban varios acontecimientos: el acuerdo de paz de Camp David realizado entre Egipto e Israel, que no provocó ningún alzamiento masivo en Egipto, seguido de la guerra por la liberación de Kuwait [es decir, la Guerra del Golfo de 1990] y finalmente las revoluciones de la Primavera Árabe, que destacaron muchos de los problemas nacionales que le restaron valor a la centralidad de la causa palestina, a nivel verbal…

«Al mismo tiempo, el número de países que combatían contra Israel disminuía constantemente: en 1948 hubo siete países, en 1967 solo tres, en 1973 hubo dos y en 1982 solo uno – luego de lo cual las guerras fueron meramente luchas locales en el Líbano y en Gaza.

«Esta visión objetiva del tema palestino ganó fuerza de manera constante a pesar de la tendencia definida de inflar este tema hasta el punto en que se vuelve irresoluble: los islamistas lo asociaron con la guerra de las Cruzadas, los izquierdistas lo asociaron al imperialismo y su expansión en el mundo y los nacionalistas lo asociaron con la destrucción de la «patria árabe». Todo esto significo que la solución sólo podía lograrse derrotando a los occidentales, es decir, «a los cruzados modernos», o como parte de una revolución socialista global o un movimiento hacia la unidad pan-árabe.

«Pero estas consignas se hundieron una a una, como barcos que no podían alcanzar ningún puerto… Dado que Israel era militarmente más poderoso que los árabes, fue el único bando que se benefició por toda esta magnificación del tema palestino, utilizándolo para reforzar la ocupación y su erosión de la tierra palestina.

«Todo esto es muy triste, es como una manera nostálgica de decir las cosas. Pero adoptar la nostalgia como forma de vida no necesariamente trae resultados para aquellos que lo realizan».


[1] Al-Sharq Al-Awsat (Londres), 13 de diciembre, 2020.