Sumaya Al-Ghannouchi, periodista tunecina y experta en temas del Medio Oriente quien vive en Francia y es hija de Rachid Al-Ghannouchi, líder del movimiento Ennahdha en Túnez[1], publicó una crítica sumamente dura a la actitud de Arabia Saudita y de los clérigos sauditas, hacia las diversas corrientes del Islam tales como la Hermandad Musulmana.

Arabia Saudita, escribió, es un «país absolutista» cuyos clérigos se han convertido de alguna manera en «secretarios religiosos» que justifican el doble discurso de la política saudita. Por ejemplo, ella describió el cómo los clérigos han publicado numerosas resoluciones en contra de los infieles, mientras que durante la Segunda Guerra del Golfo, cuando Arabia Saudita invitó a los ejércitos de Estados Unidos y Occidente a que entraran en su territorio, estos mismos estudiosos publicaron reglamentos que permitían la asistencia de los ejércitos infieles.

Al-Ghannouchi señaló que en el pasado, Arabia Saudita cooperó con diversas corrientes del Islam, incluyendo a la Hermandad Musulmana, haciendo lo que este necesitó hacer, como durante la confrontación con el comunismo y con el nasserismo. Sin embargo, recalcó, con el advenimiento de la Primavera Árabe, que Arabia Saudita había comenzado a serle hostil a estas corrientes, debido a su deseo de integrar el Islam con la democracia y su ascensión al poder en varios países a través de elecciones democráticas.

Ella declaró desafiante que el régimen saudita, que actualmente está combatiendo contra Al-Qaeda y el Estado Islámico (EIIS), debería ser el último en quejarse del extremismo en algunas ramas del Islam, ya que este extremismo surgió de la base de la ideología Wahhabi, cuyas raíces se encuentran en Arabia Saudita.

De acuerdo a Al-Ghannouchi, las ramas del Islam tales como la Hermandad Musulmana se originaron en un ambiente abierto y liberal y entre las clases educadas en los institutos de investigación y en las universidades modernas, llegando a ser más extremas después de los años 60 y 70 debido a la influencia del salafismo-yihadismo. Este punto de inflexión absoluto en la política saudita contra estas ramas del Islam añadió, les brinda una oportunidad de oro para distanciarse del islamismo salafista y retornar a sus raíces liberales y reformistas. Ella agrega que muchos como su padre el Jeque Rachid Al-Ghannouchi entre ellos – no aceptarían su postura, aunque en su opinión es la dirección que el mundo islámico en su conjunto y los árabes en particular, deben tomar.

Sumaya Al-Ghannouchi (sasapost.com, 6 de agosto, 2016)

Lo siguiente son extractos de su artículo:[2]

«Aunque es costumbre pensar en Arabia Saudita como un país totalmente religioso, de hecho… es un país absolutista»

Cada día, surgen más y más evidencias de que Arabia Saudita ha errado y está a punto de enredarse a sí mismo en posturas y políticas que no son integras a su beneficio. Este país, que contiene los lugares sagrados para los musulmanes y es la dirección a la cual estos oran, ha basado su legitimidad en la religión y es uno de los pocos países del mundo que carece de una constitución, alegando que deriva [su legitimidad] directamente del Sharia, el Corán y el Sunna. Además, no está restringido de ninguna manera y no existe supervisión alguna a su gobierno, el argumento es que el gobernante tiene el derecho a la fidelidad absoluta y obediencia de los ciudadanos. Esta es la forma en que ha funcionado durante muchas décadas.

Aunque es costumbre pensar en Arabia Saudita como un país totalmente religioso, de hecho la descripción más cercana a la realidad es que es un país absolutista,[3] cuyos líderes gobiernan tanto [su] esferas materiales como espirituales. En otras palabras, estos influyen sobre los recursos y la religión y todo lo demás. Con la creación [del país], la conexión entre lo material y lo espiritual fue establecida como una especie de pacto interpersonal entre el pueblo de la espada y el pueblo del Da’wa religioso [predica islámica] – excepto que [este pacto] comenzó a ser transgredido gradualmente en favor del gobierno a través de la espada, en detrimento del pueblo del da’wa y con el tiempo los clérigos de Arabia Saudita se convirtieron en algún tipo de funcionarios con el cargo de secretarios religiosos y nada más, que reciben salarios y pensiones del estado de acuerdo a la medida en que son necesarios y las fuerzas de demanda y oferta.

«Los clérigos sauditas sobresalieron en tener como objetivo el combatir contra los infieles, los politeístas y aquellos que se desvían del camino correcto, pero durante la Segunda Guerra del Golfo, Arabia Saudita invitó a los ejércitos de Estados Unidos y Occidente a que entraran en territorio musulmán [es decir su propio suelo], los clérigos se vieron obligados a emitir fatuas que trataban con el ‘permitir aceptar la ayuda de los ejércitos infieles’.

«Arabia Saudita trató de establecer un tipo de alianza práctica con las diversas corrientes del Islam, especialmente con la Hermandad Musulmana»

Dentro del marco del enfrentamiento con la expansión de la izquierda y el nasserismo, Arabia Saudita intentó establecer una especie de alianza práctica con las diversas corrientes del Islam, especialmente con la Hermandad Musulmana. El fallecido rey Faisal [bin Abd Al-Aziz, quien gobernó desde 1964 hasta 1975, preparó a varios líderes de la Hermandad Musulmana durante el período de su disputa con el entonces presidente egipcio Gamal Abd Al-Nasser. Luego Arabia Saudita firmó un acuerdo con Pakistán bajo los auspicios de Estados Unidos y [junto con Pakistán] ayudó a los combatientes afganos con dinero y armas en su confrontación con lo que entonces se conocía como el Imperio Comunista del Mal (la URSS).

 

«Así es como continuó desarrollándose la conexión saudita con las diversas ramas del Islam, comenzando con una alianza o por lo menos una unión sustantiva de intereses frente al comunismo y continuando (en sus esfuerzos actuales) de restringir la expansión chiita-iraní. El nuevo desarrollo en este campo fue que, debido a un miedo patológico y obsesivo a las revoluciones de la Primavera Árabe, durante el reinado del Rey Abdullah [bin Abd Al-Aziz, quien gobernó del 2005 al 2015], Arabia Saudita asumió una postura hostil hacia estas ramas del Islam… no porque fuesen islámicas, sino porque su visión del mundo tenía como base el principio de armonía entre el Islam y la democracia y habían avanzado hacia los tronos en más de un país, sobre la base de la legitimidad de las elecciones. Arabia Saudita consideró esto como uno de los pecados políticos más severos no soportables, mientras que la propia Arabia Saudita había basado la legitimidad de su gobierno en la aplicación del sharia y la subordinación directa a la Ley Islámica, al Corán y el Sunna y luego más tarde [se apropiaron] del control exclusivo del Islam sunita».

Arabia Saudita dirige Una «campaña santa… contra Al-Qaeda y el Estado Islámico… luego de que se volcaran contra el país… [y] en contra de Irán y las filiales chiitas… [y] contra la Hermandad Musulmana»

«Así es como Arabia Saudita dirige hoy su campaña santa en numerosos frentes religiosos: una campaña contra Al-Qaeda y el Estado Islámico, ambos cultivados en la incubadora wahhabí, luego de volcarse en contra del país y de haber traducido en hechos la práctica del takfir [acusar a otros musulmanes de herejía] y la tendencia al extremismo inherente y arraigada en el wahhabismo. El segundo frente enfrenta a Irán y las ramas chiitas en el Golfo y toda el área y por último pero no menos importante es la campaña contra la Hermandad Musulmana y he aquí la referencia a aquellas fuerzas del Islam que abogan por el ‘wasatiyya‘ [‘el camino intermedio’] y que no comparten el camino o la perspectiva de Arabia Saudita.

«Hace varios días, el Consejo de Estudiosos Destacados (saudita) publicó un fatua sobre el tema de la Hermandad Musulmana, que fue adaptado exactamente a las medidas [de la Hermandad Musulmana] y que con precisión satisface las necesidades de la campaña saudita], dirigida por Muhammad bin Zayed (Príncipe Heredero de Abu Dhabi). La esencia de esta fatua es que la Hermandad Musulmana no tiene nada que ver con la creencia [religiosa], ni con su corrección y que su camino es falso y corrupto y tiene como fundamento la rebelión contra el estado.[4]

«Una persona puede estar en desacuerdo con la Hermandad Musulmana sobre muchas cosas, o apreciar su experiencia, pero cuando se trata de un elemento que dirige las críticas o, para ser más exactos, realiza acusaciones, entonces hay que decir ciertas cosas: El establishment religioso saudita, fundado dentro de la ideología wahabí, debería ser el último en hablar del extremismo, de hecho es un ejemplo vivo del extremismo religioso y de la alienación del modernismo y es lo más parecido a un consejo de cardenales, cuyo propósito no se extiende más allá del apoyo religioso a las decisiones políticas y el emitir resoluciones religiosas de acuerdo con las instrucciones que este recibe.

«La decisión [saudita] acusa a la Hermandad Musulmana de no preocuparse por corregir la fe, por lo que la implicación es que es el Consejo de Estudiosos Destacados que representa y preserva la creencia adecuada y firme y que todo lo demás es una desviación del camino de la rectitud y se le considera politeísmo – Que el cielo nos ayude! Esta decisión se opone a la forma de takfir enraizada en la ideología del wahhabismo que ellos [el Consejo de Estudiosos Destacados] representan y que han comenzado a atacar enemigos imaginarios, Es decir, combatir en los frentes equivocados y, por lo tanto, están dando un golpe crítico a la imagen del Islam. Ellos han transformado al Islam en un símbolo de opresión a la mujer y de expropiación a sus derechos, incluyendo el simple derecho de conducir automóviles. Ellos transformaron el Islam en un sinónimo de atraso político, legitimando la obediencia absoluta a un gobernante en ausencia de una constitución o de leyes vinculantes, de elecciones, de un sistema judicial independiente, o algo más. Este es el tope más alto de corrupción de la religión y de la creencia».

«Con respeto al principio de rebelarse contra un gobernante… el wahhabismo… fue el primero en rebelarse contra los turcos otomanos luego de acusarlos de herejía y denunciarlos»

«Con respecto al principio de rebelarse contra un gobernante, fue el wahhabismo el primero en rebelarse contra los turcos otomanos luego de acusarlos de herejía y denunciarlos, cuando libraban guerras de desgaste contra los países europeos… El germen de acusar al otro de herejía y de rebelión armada se encuentra arraigado en el pensamiento wahabí desde antes que el wahabismo se convirtiera en una ideología oficial al servicio del estado. [Mientras tanto], la idea de rebelarse contra un gobernante se desvaneció, ya que la espada del gobernante colgaba sobre las cabezas de aquellos privados de poder, mientras que la batalla por la fe sigue tomando impulso y rabiar, en afirmación de que [el régimen saudita] representa la fe de las primeras generaciones del Islam, mientras que las otras corrientes del Islam son apóstatas… [En opinión del Consejo de Estudiosos Destacados], estas batallas están permitidas, e incluso estos recomendaron que [estas batallas] fuesen libradas indefinidamente, ya que [no sólo] no cuestan nada, [sino que] mantienen [a los sauditas] ocupados batallando contra enemigos imaginarios.

«En esencia, a pesar de los peligros circunstanciales inherentes en separar las posturas wahhabistas de las de las otras corrientes islámicas de hoy y alentar las diferencias entre estas, esta separación y estímulo comprende realmente una tendencia encomiable y deseable cuyas ventajas superan por mucho trecho sus daños, primero y ante todo en la aspiración de arrojar por la borda el legado del salafismo extremista…

«Esta relación, calculada políticamente, entre Arabia Saudita y las corrientes islámicas sunitas ha tenido consecuencias extremadamente negativas, tal como se manifiesta en el hecho de que estos movimientos se volcaron hacia el extremismo religioso y se han impregnado con el matiz del salafismo wahabí, a la medida del marco de lo que se conoce como Al-Sahwa Al-Islamiyya[5] [El Despertar Islámico], las líneas que separan las corrientes políticas del Islam del salafismo wahabí fueron gradualmente entumecidas. Esto fue demostrado claramente por la tendencia hacia el extremismo en lo que respecta al tema de la mujer y [hacia] la libertad de pensamiento y de conciencia y, ante el difundir el código de vestimenta salafista, que la religión [según los que respetan este código de vestimenta] se resume como un cambio alongado, una barba y una vara de anís, así como también un gran interés por los conflictos étnicos y un interés en los textos [religiosos] a expensas de la realidad, y más en la forma en lugar del contenido».

«Este punto de viraje absoluto en la política saudita [contra las corrientes islámicas] le concede a estas corrientes islámicas una oportunidad de oro para distanciarse clara y totalmente del Islam salafista»

A pesar de que la corriente islámica sunita en la forma de la Hermandad Musulmana se originó por primera vez en un ambiente abierto y liberal y entre las clases educadas en los institutos de investigación y en las universidades modernas, fueron las siguientes generaciones de [ramas] del Islam, de las décadas de 1960 y 1970, que fueron tomadas por la locura del salafismo wahabí, que penetraron [su ideología] hasta el punto en que las dos se fusionaron.

Este punto de inflexión absoluto en la política saudita [contra las corrientes islámicas] le otorga a estas corrientes islámicas una oportunidad de oro para distanciarse clara y totalmente del islamismo salafista y regresar al lugar de donde floreció el legado del movimiento reformista, con Jamal Al Din Al-Afghani, Muhammad Abduh, Muhammad Rashid Rida [6] y otros que estaban entre los pioneros de la reforma islámica.

 

«Por supuesto, muchos – entre ellos mi padre el Jeque Rashid Al-Ghannouchi – no pienso estaría de acuerdo en asumir una postura como esa [que he expresado en este artículo]. Por el contrario, es muy probable se cumplan con grandes reservas. Sin embargo, en mi opinión, esta es la postura más apropiada y correcta si los islamistas iluminados desean liberarse a sí mismos de muchos de los grilletes intelectuales y políticos. «Esta es la dirección futura que se necesita para el mundo islámico en general y para los árabes en particular».

 

 

[1] Rachid Al-Ghannouchi es un político tunecino e intelectual islámico y líder del movimiento islámico Ennahdha. Fue exiliado de Túnez a comienzos de la década de 1990, vivió en Londres durante 20 años y regresó a Túnez en 2011 luego de la Primavera Árabe.

[2] Sasapost.com, (23 de junio, 2017).

[3] El absolutismo político (o monarquía absoluta) es la doctrina política y práctica de la autoridad ilimitada y centralizada y de la soberanía suprema o absoluta, otorgada especialmente a una persona que no comparte el poder de ninguna forma o manera.

[4] La referencia es al parecer al fatua que fue tuiteado por el Consejo de Estudiosos Destacados el 19 de junio, 2017.

[5] Al-Sahwa Al-Islamiyya (El Despertar Islámico) – un movimiento islámico que operó en Arabia Saudita en los años 80. El movimiento estuvo ideológicamente influenciado por la Hermandad Musulmana y fue un factor importante opositor al régimen saudita.

Jamal Al-Din Al-Afghani (1838-1897), pionero del movimiento modernista en el Islam, pidió la liberación de los grilletes del Islam tradicional y su fijación con las supersticiones y llamó a reformas educativas y particularmente políticas que este creía uniría a todos los países islámicos contra el mundo occidental, que este consideraba una amenaza. Muhammad Abduh (1849-1905) fue un reformista islámico, alumno de Jamal Al-Din Al-Afghani con quien trabajó y desarrolló y difundió la filosofía de este último. Muhammad Rashid Rida (1865-1935) fue un pensador islámico, uno de los pioneros de la Reforma Islámica y periodista, autor y poeta.